La Vida en lo Espiritual y en lo Físico

UNA PALABRA IMPORTANTE

En cada ser humano arde inextinguiblemente el deseo por la certeza, especialmente por la certeza de su existencia y su permanencia mucho más allá del perecer terrestre; esto que el hombre llama la muerte. Esta certeza puede manifestarse individualmente en cada ser humano que venza a su propio ego, ya que en verdad sólo la neblina del ego es la que impide la vista al reino de la vida verdadera, de lo espiritual, más allá de la transformación del devenir y perecer. Esto es porque el ego, el "yo", valora demasiado su propio bienestar hasta que en muchas personas se desarrolla hasta el egoísmo. Entonces penden sobre cada persona y sobre la humanidad terrestre entera la duda y la incertidumbre, como pesados nubarrones de donde irrumpen sobre el hombre truenos y relámpagos imprevisibles; provocados por el egoísmo y el materialismo y todas las demás cosas indignas del hombre a las que se ha sometido y que lo mantienen cautivado. Luchar contra esto, debe ser uno de los primeros mandamientos del hombre, pues sólo cuando mediante el reconocimiento de la verdad, el sol del amor, el cual encarna la revelación del espíritu de la vida, se levante sobre el horizonte de la psique humana, ahuyendo los nubarrones, sólo entonces podrá reconocer el hombre qué tan cerca de la certeza realmente está y qué tan infundadas eran sus angustias y preocupaciones. Lamentablemente, todavía hasta el presente, para muchos seres humanos sólo la muerte del cuerpo físico significa el comienzo de la vida real y el nuevo y gradual irradiar del zohar interior. Sin embargo, por causa de la ignorancia puede ocurrir en la próxima reencarnación lo mismo que en la vida anterior si no se lucha ni se labora arduamente por un mejoramiento durante la vida anterior. Sólo mediante un real renacer interior se termina en una sola vida terrenal con la obscuridad causada por la ausencia absoluta o media de luz, cuando la luz de los sentidos internos se vuelva visible para el hombre y la actuación del espíritu de la vida ya no le parezca solamente como un destino apático que en realidad él mismo crea con deformación. Sin embargo, si brilla finalmente el zohar dentro del ser humano, entonces él reconoce lo invisible, lo poderoso del espíritu y su ilimitada fuerza como lo realmente activo, mientras que lo que se hizo visible ya se desvanece nuevamente como sombra, pero quedando como recuerdo permanente y vivificante, para seguir actuando, para ser provechoso en la evolución.