Boletín Especial 5

Y es obvio que detrás de ellos pueden estar fuerzas gubernamentales y agencias secretas, como también religiosas, militares, de sectas, economistas criminales, sabelotodos, críticos enfermos y terroristas. Con todo, es solo cuestión de tiempo y de oportunidad si no me engaño de cuándo el mazo golpeará al yunque sobre el que mis palabras serán amoldadas.

Billy

La Obsesión del Poder de Unos Pocos es la Ruina de Millone
o ¡deplorables niños de padres estúpidos!

Nuestro pequeño y maravilloso mundo está enfermo. Sus habitantes sufren de epidemias políticas de megalomanía, de egoísmo, insensatez, dependencia y fanatismos religiosos y de culto. Los terribles síntomas ante la aparición de estas enfermedades son, por un lado, la megalomanía y el desprecio del pueblo por parte de los políticos, jefes religiosos y dictadores, como también por otro lado, personas que sin defenderse y sin importarles entregan su destino en manos de éstos y bajo su comando.
Hay tiempos en que uno no desea otra cosa sino poder dar una vuelta lejos de este planeta que es gobernado por muchos mandatarios errados, megalómanos, violentos y de mentes estrechas e imbéciles y obsesionadas por el poder. Pero lastimosamente esto no es posible. Por esta razón, innumerables personas inteligentes, educadas, dignas y honestas que no quieren ocuparse con escaramuzas políticas, con la diplomacia, con las intrigas y la hipocresía política son condenados también a la opresión y a cerrar la boca por los sanguinarios déspotas, los políticos y mandatarios que desprecian al pueblo, los terroristas y sus ayudantes. Mientras tanto, en muchos lugares se observa cómo los llamados representantes del pueblo, los parlamentarios, jefes de partidos, presidentes o políticos regionales de ninguna manera se preocupan de la opinión de su pueblo o de sus electores. Después de la elección, por lo general, muy pronto se desvanece la sonrisa hipócrita de la propaganda en sus enormes pósteres electorales. Entre muchos de ellos, el orgullo del título, las ansias de adquirir, los intereses económicos y un enorme salario se sitúan rápidamente en primer lugar. Los principios democráticos son pisoteados por los egoístas presidentes, congresos o parlamentos tan pronto éstos vean amenazadas sus propias ansias de poder y su libertad de funcionamiento.