La Vida y la Muerte Están Inseparablemente Unidas Entre Sí

El ser humano bien puede determinar qué labores hace durante su vida y qué forma de amor, de conocimiento, y de sabiduría así como de alegría, de libertad y el carácter de su paz, de su alegría y libertad, él quiera adquirir y construir para sí mismo para cumplir evolutivamente la existencia de su vida, pero a pesar de esto, él últimamente no tiene ningún poder para determinar cuándo la muerte echará mano de él. Incluso cuando la persona se mata a sí misma, ella no posee ningún poder sobre ello, pues a través del suicidio sólo se escapa del tiempo real que es establecido por él mismo; en consecuencia, una ejecución de la propia vida es un hecho de destrucción y una huida cobarde de la vida y de la percepción que se tiene de la responsabilidad ante la vida y ante la muerte.

Cuando la persona muere, entonces pierde su cuerpo físico con todas sus fuerzas corporales. Pero también pierde a todos los seres que le fueron queridos en su vida, su familia y amigos, así como todos los conocidos y demás semejantes. Ella debe dejar atrás todas sus posesiones en el mundo material, así como también su poder y gloria y también sus aptitudes y oportunidades. Ella no puede llevarse nada al más allá, pues en el reino de la muerte no existe ninguna cosa material como en el mundo en el que se vive la vida actual. Tampoco puede ser acompañado por nadie cuando él, el ser humano, pasa de la vida a la muerte; no puede llevar consigo a ningún amigo, a ningún ser querido y ningún conocido, pues en el reino de la muerte sólo existe la energía del espíritu y la energía de la conciencia universal, de la Creación. Cuando el ser humano muere, entonces debe morir sólo, aún cuando esté acompañado por sus seres queridos, amigos y conocidos durante el camino al fallecimiento. Pero esto no es un acompañamiento a la muerte sino solamente un acompañamiento al morir, que no anula la soledad en la muerte y en el morir. El acompañamiento durante el fallecimiento está muy bien; sin embargo, ello no cambia nada en la soledad del fallecimiento, pues este camino debe recorrerlo cada ser humano completamente sólo y nadie puede acompañarle en el fallecimiento real de manera directa y al reino de la muerte. De tal modo que el acompañamiento durante la muerte es sólo un asunto exterior y material que puede traer expresiones de solidaridad material, etc., las cuales hacen que el moribundo, p. ej., reciba amor y sienta paz.